Por qué participo en las convivencias?
De Almenara
Llevo participando de las actividades que ofrece la Asociación Almenara desde hace cuatro años. Cuando era pequeña asistía a las que organizaba una asociación similar para niñas de 9 a 18 años. Fue un verano, allá por el año 93, cuando fui por primera vez a unas colonias. La mochila era más grande que yo, tenía 8 años, iba a estar una semana sin mis padres (¡por primera vez!), no “existían” los móviles…y no sólo sobreviví, sino que la experiencia fue tan genial que desde entonces trato de organizarme para poder ir al menos a un plan cada año.
Lo realmente emocionante llegó cuando empecé la universidad. Hasta entonces participé de convivencias culturales, deportivas…pero no estaba “preparada” personalmente para sacar toda la enjundia que tiene la cosa. En segundo de carrera nos fuimos un grupete de doce a conocer las principales instituciones de la Unión Europea, estuvimos en Estrasburgo y Bruselas, vimos el Parlamento Europeo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos… ¡toda una aventura!; en tercero fuimos a Roma, al Congreso UNIV, con universitarios de todo el mundo; en cuarto a un campo de trabajo en Hungría, en un hospital de la sanidad pública de Budapest. Quizá sea esta última vivencia la que más me haya marcado y de la que más he aprendido, aunque es cierto que cada cosa me ha aportado muchísimo.
Todo esto me gusta por diversas razones. Por supuesto por lo bien que me lo paso, lo mucho que disfrutamos, todo lo que vemos y conocemos…pero también por todo lo que implica la convivencia. Convivir a veces puede resultar difícil y costoso, porque supone tener que ceder, respetar las opiniones, costumbres…de los demás, pero eso me parece que enriquece mucho. Cada persona tiene mucho que decir y enseñar, podemos aprender un montón de los demás y la convivencia facilita esto.